Un gorrión en el retrovisor

Todas las mañanas de este invierno antes de subir a mi auto me encuentro con el mismo espectáculo. Un gorrión en el retrovisor lateral del vehículo. Aletea frente al espejo y luego descansa en la puerta, insiste comunicarse con el otro de su especie. Una parte del espacio era de él en un mundo paralelo. Como el flaco Spinetta le cantaba “quédate hasta el día”, sus alas dibujaban una rosa cromática en la gravedad cero. Nadie le bajaba la cortina a esa hermosa perspectiva de reflejo doppler. Otro espasmo flotante en un nuevo amanecer, hasta cuando llego a interrumpir. Nadie puede impedir el curso de las cosas, desaparecer y volver a casa a oscuras.

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