Vida de plástico

Ella adornaba la terraza de su amplio departamento con una planta plástica verde sobre tierra del mismo material. Los cuadros del living con costosos marcos dorados exponían láminas de reconocidos artistas del renacimiento.

Él, es cirujano plástico, acostumbra llegar tarde de lunes a viernes. Sus dos hijas están más grandes, por lo que alcanza a conversar con ellas antes de que se acuesten. La menor, hace un año le había pedido de regalo para su fiesta de graduación de colegio, un aumento de busto.

Claudia, su esposa, asidua a las clínicas estéticas, hacía los últimos retoques en su frente, ojeras y labios para lucir como la hermana mayor en la fiesta de su hija y estar “preparada” para el verano que se acercaba velozmente.

Él, siempre comentaba que sus mujeres eran muy pretensiosas. Se jactaba de nunca haber entrado al quirófano, pero sí, cambiaba los autos todos los años. En septiembre, cuando los nuevos modelos del año que viene están a la venta, él ya había decidido manejar un Audi negro descapotable para llevar a su familia a tan importante evento de su hija.

Ya todos sentados, y antes que comenzara la cena de graduación, sus últimas palabras en representación de los apoderados del curso de sólo mujeres fue: “Espero que el próximo desafío para todas las que egresan este año, fluya naturalmente”.

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