Una inmigrante perla de ébano

Sus ojos son gotas de té que se abren para ver el vuelo del océano cada medio día, eso le hace recordar a su hija y su país, siendo el horizonte la muralla que las separa. Con su cabeza pegada a la almohada y a la ventana, prende el único cigarrillo que quedaba sobre el velador, y toma de él, la foto de Alicia desde el cajón. Sigue soñando despierta casi sin moverse. Como si fuese una planta en fotosíntesis, esos quince minutos diarios eran imperdibles cuando los rayos del sol entraban en la pequeña habitación. Acostumbraba escribirle por WhatsApp que la traería algún día al país de las maravillas. Era el cuento preferido de ambas.

Sus pies no pueden más de tanto dar vueltas en el parquet, las cosas no han cambiado tanto en el burdel. Abajo, a orillas del océano, el largo cabello de Juan, se movía como un plumero que desviaba los ojos de ella todos los días a la misma hora de siempre. Él buscaba su mirada desde la caleta, le escribía cosas bellas con el encabezado de “Mi perla de ébano” y se la dejaba bajo la puerta metálica negra oxidada. San Pedro los observaba todas las tardes del sol.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s