Pequeño Ángel y su pañuelo

Recién empezaba a oscurecer cuando recibí desde Valparaíso una llamada a mi teléfono diciendo entre sollozos que fuera a despedirme de Nadia, una prima que llevaba casi una década enferma de cáncer. Apuré mis pasos desde Concón por la costa, mientras la luz vacilaba prometiendo dejar a oscuras ese momento.

Todos corrían en la sala de emergencias del Hospital Van Buren, afuera estaba su familia, su hijo sin palabras pero con una sonrisa me indicó que pasara y estuviera los últimos instantes con ella. Junto a su camilla, había otra de una pequeña niña de unos once años con un pañuelo en su cabeza. Me acerqué a Nadia para poder comunicarme, pero todo sonido por muy bajo que hiciera lo escuchaba esa niñita que estaba a menos de un metro de distancia. No podía dejar de mirarla, hasta que decidí hablar con ella porque suponía que estaba sufriendo algo similar, pero en una etapa más temprana. Ella se me adelantó, me miró y con una voz suave me dijo: “Mi Mamá a veces también sale a escondidas al pasillo a llorar”. Concluí que la madre de Nadia como sus hijos, entraban y salían. Y continuó, “Cuando yo muera, creo que ella va a sentir mucha nostalgia; pero yo no tengo miedo a morir tío. Yo no nací para esta vida”. En ese momento sentí un impulso y le pregunté ¿Qué es la muerte para ti? Sin dudar, tomó aire y siguió: “Cuando los niños se van a dormir a la cama de los papás, al día siguiente despertamos en nuestra cama. Un día me dormiré y mi Padre vendrá a buscarme y despertaré en la casa de él”.

Me quedé completamente helado con su respuesta, no era capaz de mover ni un músculo, mi cabeza repetía una y otra vez lo que ella había dicho hace sólo unos segundos. Pestañé cuando inclinó su cabeza y añadió, “Mi Mamá me recordará con nostalgia”.

Tremenda lección de madurez me estaba regalando esa niñita que ni siquiera conocía su nombre, pero no quería que ese momento terminara por alguna interrupción externa, así que me apuré en preguntarle, ¿Qué significa nostalgia para ti? -La nostalgia es el amor que permanece- contestó.

A mis 45 años de edad, desafío a quien quiera dar una definición mejor, más directa y simple de la palabra nostalgia.

Esa noche finalmente pude despedirme de mi prima, pero me fui con la certeza de quien permanecía al lado esperando que terminaran sus días en esta tierra, era su ángel, pequeño ángel y su pañuelo, que aguardaba allí para cuando Nadia se durmiera, la llevara donde su Padre.

Huyendo, como huyen las gaviotas.

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