Estación de aves

Son de esos zapatos de cuero viejo, que con el polvo se le notan más las arrugas. Una década caminando delante de mi sombra con un sesgo de envidia. Descansan aliviados y respiran sin ataduras.

El tiempo es el vidrio, muro del viento, de las estaciones, de los hallazgos. Cada hallazgo es una vida, una inútil membresía o un lápiz a medias.

El trayecto sobre puntos cardinales se disipa. Hay un faro desconocido de farellones, dando manotazos sobre las frías aguas del polo, que indican, que el norte es la única senda para volver a compartir, la estación de aves.

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